{{Ficha de autor
|título            = Ludwig Erhard
|día nacimiento    = 4 de febrero
|año nacimiento    = 1897
|día fallecimiento = 5 de mayo
|año fallecimiento = 1977
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[[w:Ludwig Erhard|'''Ludwig Erhard''']] (n. Fürth, [[Baviera]]; 4 de febrero de 1897 - m. [[Bonn]]; 5 de mayo de 1977) fue un [[político]] [[Alemania|alemán]], canciller federal entre 1963 y 1966. [[Democristiano]] con tendencias [[liberal]]es, se le considera el padre del milagro económico alemán de posguerra.

== Citas ==
* «Nosotros rechazamos el Estado benefactor de carácter socialista, y la protección total y general del ciudadano, no solamente porque esta tutela, al parecer tan bien intencionada, crea unas dependencias tales que a la postre sólo produce súbditos, pero forzosamente tiene que matar la libre mentalidad ciudadana, sino también porque esta especie de auto enajenación, es decir, la renuncia a la responsabilidad humana, debe llevar, con la paralización de la voluntad individual de rendimiento, a un descenso del rendimiento económico del pueblo.»

* «El [[progreso]] de la [[economía]] depende íntimamente del rumbo que tome nuestro estado [[democracia|democrático]]».

* «No solamente fui alumno del Profesor [Franz] Oppenheimer, sino también tuve el privilegio de ser su amigo».  


Sobre la toma del poder de Hitler:
* «Se desató la pesadilla».


A finales de abril de 1945, sobre el undimiento del Tercer Reich:
* «El satírico aborto de inmundicia y fuego finalmente se desplomó. La herencia fue terrible: un caos total y una Alemania sin honor».


Erhard juzga el 20 de junio de 1948, día del nacimiento de la ''economía social del mercado'' de Alemania, de la siguiente forma:

«Fue el día más decisivo de mi vida. Fue un gran cambio.  Por primera vez me atreví a poner mis ideas teóricas en práctica.  El escenario cambió repentinamente. Los escaparates se llenaron, la oferta de mercancía se multiplicó, y valió la pena empezar nuevamente a trabajar”.

«La economía debe funcionar libremente dentro del orden político y las obligaciones sociales sin intervención dirigista de ninguna clase».

«La segunda mitad del año 1948 fue una de las más dramáticas de la historia económica de Alemania».

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Conceptos emitidos por el profesor Ludwing Erhard en su libro El Bienestar para todos(1) sobre diversos aspectos de la economía. Sus politicas económicas produjeron, después de la Segunda Guerra Mundial, el conocido ¨milágro alemán¨

Salarios y Precios

Los salarios y los precios, por más que se niegue, se encuentran en una relación indisoluble

Debe combatirse todo aumento de salarios que no pudiese tener justificación en un progreso de la productividad económica.

El desmesurado aumento de los salarios debe pagarse con un aumento de los precios.

Solamente debe permitirse un aumento de salarios en proporción al desarrollo de la productividad.

Un aumento del salario por encima del progreso de la productividad es absurdo y perjudicial, por tanto a la masa de consumidores tiene que importarles mucho que se mantenga la estabilidad de los precios.

Los sindicatos deberían preguntarse si con su activa política de salarios no favorecen los negocios de tanto especulador desaprensivo, si dicha política conduce forzosamente al alza de los precios.

La productividad creciente lleva al mismo tiempo reducción en los precios y hace así posible auténticos aumentos en los salarios reales.

La competencia es el único medio adecuado para retrotraer los precios a la justa proporción que garantice una relación óptima entre salarios y precios, entre los ingresos nominales y el nivel de los precios.

Me parece fatal que los patronos nunca emprendan por si mismos una actividad propicia a un aumento de salarios de suyo posible.

En fases de auge económico sosegado los patrones obrarían con acierto y gran tacto psicológico si se aprestasen por propia iniciativa a elevar los salarios de acuerdo con la mejora de la productividad.

De plantearse un alternativa tajante siempre habría de dar preferencia a la reducción de los precios por sobre la elevación de los salarios.

Los aumentos de salarios que no respondan al crecimiento de productividad de la economía nacional o de determinadas ramas de la misma habrán de conducir por fuerza al alza de los precios.

El control económico y la formación de los precios andan juntos como hermanos siameses, pero, al igual que estos, son juntos un engendro monstruoso.

Es innegable que todos los convenios que se adopten para delimitar el mercado, especialmente los referentes a los precios, persiguen en último término alguna limitación de la competencia.

(1)	El Bienestar para todos. Editorial Omega, S.A. 1961